Cuando alguien quiere ser parte de tu vida de verdad,
no lo dice: lo demuestra.
No promete: actúa.
No pone excusas: crea caminos.
El interés sincero no vive de “algún día”,
ni de silencios prolongados,
ni de ausencias que se justifican con palabras bonitas.
Cuando hay intención real,
el tiempo aparece,
las ganas se ordenan
y las prioridades se acomodan solas.
Quien quiere estar, busca la forma.
Aunque tenga miedo.
Aunque esté cansado.
Aunque la vida pese.
Hace lo imposible posible
porque para el corazón no existen atajos.
El que solo siente a medias
siempre tendrá razones para no estar.
Demasiado trabajo.
Demasiados problemas.
Demasiado poco valor para comprometerse.
Y duele entenderlo,
porque a veces uno se queda esperando
a alguien que nunca tuvo la intención
de quedarse.
Pero también libera.
Porque te enseña que no debes rogar presencia
ni mendigar atención.
El amor real no se suplica,
se encuentra a mitad de camino.
Si alguien quiere seriamente ser parte de tu vida,
no te tendrá en pausa.
No te hará dudar.
No te dejará preguntándote si importas.
Te lo hará imposible…
imposible de ignorar,
imposible de negar,
imposible de dudar.
Y cuando eso no ocurre,
no es falta de tiempo,
es falta de voluntad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario